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23 de junio de 2015

JURASSIC WORLD (Colin Trevorrow, 2015)

El parque jurásico que ideó John Hammond ha evolucionado hasta convertirse en un gigantesco complejo corporativo donde los visitantes pueden observar de cerca a toda clase de dinosaurios. Pero en su búsqueda de mayores atractivos, los responsables crean en secreto una nueva especie modificada genéticamente llamada Indominus Rex, que posee una inteligencia muy superior a la de cualquier gran reptil.

Casi 15 años después de Parque Jurásico III (2001), nos llega una nueva entrega de la saga con el objetivo de volver a poner de moda en el cine a los dinosaurios. No sé si lo conseguirá, pero lo que sí puedo decir es que estamos ante una gran película de aventuras y acción, que supera claramente a sus antecesoras a excepción de la primera parte.
Aunque al principio le cuesta arrancar, la película es poseedora de un magnífico ritmo que va en ascenso durante todo el metraje. A medida que avanza la trama se van introduciento nuevos elementos que superan a los anteriores a la hora de poner en aprietos a los protagonistas, hasta llegar a un clímax espectacular con un enfrentamiento totalmente épico. El director rueda con buen pulso y maneja muy bien las escenas de acción, dotándolas además de múltiples guiños a las anteriores entregas de la saga. Aparte de ese gran final, quiero destacar la escena del ataque de los pterodáctilos porque resulta altamente disfrutable y parece una especie de homenaje al ataque de las pirañas voladoras de Piraña II: Los vampiros del mar (1981).

La factura técnica de Jurassic World es impecable. Con los tiempos que corren y con todos los avances en cuestión de efectos digitales, no se puede esperar menos de un blockbuster de estas características, pero no por ello deja de ser destacable lo logrados que están los dinosaurios tanto en su diseño como al verlos en movimiento. La banda sonora introduce en algunos momentos las famosas notas de John Williams que nos retrotraen a las primeras películas y le añaden un extra de epicidad al film.
Como puntos negativos podemos decir que el guión es normalito, aunque no deja de seguir el patrón de la primera Parque Jurásico. El comportamiento de los personajes, ya sean humanos o reptiles, resulta inverosímil en muchos momentos. De hecho, abundan las secuencias en que hay que dejar la credibilidad de la película en suspenso y dejarnos llevar. Si no lo conseguimos, entiendo que la película puede resultar absurda e insustancial. Pero si superamos estas trabas, como fue mi caso, podremos disfrutar de un entretenimiento bastante satisfactorio. 

En el casting destaca una vez más el carisma de un Chris Pratt que sigue en estado de gracia tras Guardianes de la galaxia (2014), y que vuelve a aportar una gran presencia como protagonista. A su lado, no desentona la pelirroja Bryce Dallas Howard, que empieza resultando antipática pero termina revelándose en una digna heroína de acción a la que se deberían rizar las grandes marcas de calzado, ya que su personaje se erige en el máximo exponente del uso de los tacones para realizar cualquier acción arriesgada.
Más desaprovechado queda el personaje de Vincent d'Onofrio, aquí convertido en un descafeinado malo de la función. La presencia de los niños no resulta excesivamente molesta pese a protagonizar alguna de esas escenas que nadie puede tomar en serio (ya me gustaría a mi con esa edad saber arreglar coches que llevan 20 años acumulando polvo).
El director Colin Trevorrow firma su segundo largometraje tras Seguridad no garantizada (2012), realizando una correcta labor a la hora de dar nuevos bríos a la franquicia y, como decía antes, respetando el espíritu de la saga para ofrecer un blockbuster muy entretenido y con escenas de acción muy bien rodadas.

En definitiva, Jurassic World es una producción como las de antes, un entretenimiento para todos los públicos que resulta altamente disfrutable siempre que no nos la tomemos demasiado en serio.

Mi nota: 7

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