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19 de junio de 2017

KENSHIN, EL GUERRERO SAMURÁI (Keishi Ohtomo, 2012)

No hay nada mejor que ir al cine sin saber prácticamente nada de una película, y encontrarte algo que te sorprenda. De Kenshin, el guerrero samurái sólo conocía su nombre y que pertenecía a un manga de cierto renombre con temática samurái, poco más. En un pase único organizado por la cadena Cinesa, asistí a su proyección con pocas expectativas, ya que este tipo de adaptaciones no es algo que me atraiga en exceso. Lo único que esperaba era dar con un producto entretenido pero muy fan service, como suele suceder con las traslaciones del manga a imagen real.

En cambio, me encontré una película con bastante cuerpo, con una naturaleza perfectamente definida y una entidad propia. No he leído el manga que adapta, pero tras ver la película me puedo imaginar perfectamente cómo es. Y esto ya me parece una virtud del filme. Lo primero que llama la atención es lo bien dirigida que está, muy alejada de la habitual dirección plana de este tipo de adaptaciones. El director Keishi Ohtomo dota a su producción de un estilo carismático, con el que busca satisfacer no sólo a los seguidores del manga, sino a cualquiera que se acerque a la obra. Además, la película desprende en todo momento la sensación de que tiene muy claro hacia dónde se dirige. Su ritmo, pese a adolecer de algún pequeño bajón a mitad de metraje, es bastante alto y logra mantener al espectador pegado a la pantalla, cosa que no es baladí en una película con un elevado número de personajes.

Todo el reparto consigue mimetizarse con sus personajes en un ejemplar esfuerzo de llevar a la pantalla los diseños de la obra original. Takeru Satoh está perfecto como Kenshin, pero es la gran cantidad de secundarios la que aporta una riqueza especial a la cinta. Todos, tanto los que tienen más protagonismo como los que menos, aportan su granito de arena para que no nos aburramos. Especial mención para los que interpretan papeles de villanos, muchos de ellos en un tono muy caricaturesco, que lejos de restarle entidad a la película consiguen darle un carisma especial.
Por supuesto, en una historia como la serie propone «Kenshin», es importante contar con tramos de acción que estén a la altura. En ese sentido, pocas quejas se pueden poner, resultando espectacular en cuanto a las coreografías de pelea, ya sea con espadas de por medio o con las manos desnudas. También encontré muy acertado el score musical, obra de Naoki Sato, bastante épico por momentos.

La historia de «Kenshin, el guerrero samurai» no es excesivamente novedosa, ya que hemos visto la misma trama en cientos de películas de artes marciales, pero lo bien llevada y cuidada que está en todos los aspectos la convierten en una grata sorpresa dentro del género. Entretenida, espectacular y divertida.

Mi nota: 7,5


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