ANNABELLE (John R. Leonetti, 2014)

Era de esperar, tras el éxito el pasado año de The Conjuring, que no tardara en aparecer una secuela que prolongue la franquicia y, por supuesto, contribuya a llenar las arcas de sus productores. Ahora nos llega esta Annabelle en la que James Wan pasa a ser productor y cede el testigo en la dirección a John R. Leonetti, que ya fue director de fotografía en las anteriores películas de Wan.

Temporalmente nos encontramos ante una precuela de «The Conjuring», en la que una pareja que espera un bebé es atacada una noche en su hogar por unos miembros de una secta satánica (claramente inspirados en la diabólica "Familia" del infame Charles Manson). Uno de los asaltantes muere y su sangre cae en la muñeca que es la imagen de la película. A partir de ahí, empezará la pesadilla.

Tratándose de una película de franquicia comercial destinada a sacar dinero, y viendo la fría acogida de la crítica en general, uno esperaría encontrarse con una mediocridad digna de un telefilm de sobremesa. Sorprendentemente, estamos ante otra cosa. El director ha conseguido imprimir una entidad propia a esta película gracias a una puesta en escena sencillamente soberbia. En primer lugar, se ha optado por contar la historia desde una óptica de terror psicológico centrada en la embarazada protagonista. La referencia obvia, salvando las distancias, es La semilla del diablo. Incluso el edificio donde transcurre gran parte de la trama nos recuerda poderosamente al mítico edificio Dakota que utilizó Roman Polanski.
Los encuadres y movimientos de cámara que acompañan la acción son una maravilla, ayudando a meternos en el punto de vista subjetivo de la actriz protagonista, y a la vez otorgando a muchas de las secuencias una atmósfera inquietante que va gradualmente en aumento.
El guión, sin ser nada del otro mundo, se ha estructurado perfectamente para conseguir un continuo increscendo desde un inicio plácido hasta un final que...bueno, luego hablaremos del final.
En general el director ha logrado que la película mantenga un buen tempo apoyándose más en una tensión bien construida que en los típicos sustos efectistas (aunque haberlos, haylos). Buena muestra de esto es lo bien que juega el director con las expectativas del público buscando zooms o primeros planos de la muñeca, sabiendo que el espectador espera que se mueva en cualquier momento y nos pegue el gran susto. Sin embargo, la muñeca NUNCA se mueve por sí sola, y eso es un gran punto a su favor.

No hay caras conocidas en el reparto salvo Alfre Woodard en un papel secundario, y el nivel interpretativo es justito, aunque la actriz protagonista (curiosamente llamada Annabelle Wallis) cumple bastante bien.

Hasta aquí todo perfecto, pero hay un gran punto negro y es el desenlace. No sé si el final habrá sido impuesto para ser más comercial o será directamente responsabilidad del guionista o del director, pero sea como sea me parece un final vergonzoso que lastra la película y le resta muchos puntos. Pero bueno, como el viaje hasta llegar a ese final ha sido bastante placentero para un servidor, tampoco voy a ser muy tiquismiquis.
Esperaba mucho menos de esta producción, pero en general me ha sorprendido agradablemente. En estos tiempos que corren se agradece que no se haga una película de estas características con el piloto automático puesto, y que se busque algo más que contentar al público mayoritario.

Mi nota: 6,5

Comentarios

  1. Tu blog esta genial, lo comparto en twitter y Google Plus, saludos Jose Luis

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  2. Muchas gracias Nerea! Un saludazo.

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