EL HOMBRE QUE ESPERABA A LAS FLORES (Jyrki Svenson - Dilatando Mentes)

"Caído de rodillas tras el experimento gravitatorio, continúo gateando hasta casi besar la orilla de ese pequeño lago de inmundicia; más cerca del líquido puedo percibir que bulle con malicia extraterrestre. Diminutas figuras borbotean combando la superficie, como si quisieran nacer al desierto que seguramente las agostaría. Las formas no son ni humanas ni animales, parecidas en su inconcreción a los huesos que ejercen de límite para aquel plasma crujiente y lleno de preguntas sin contestar".

Supongo que la mayoría de nosotros hemos pasado en alguna ocasión por una época en la que todo nuestro entorno pierde consistencia, volviéndose borroso e irreal y sumiéndonos en una vorágine de dudas sobre nuestra propia personalidad. Etapas de crisis existencial en las que todo parece conspirar en contra de nuestra rutina amenazándonos con desestabilizar nuestra cordura. Momentos en los que, surgidos de ninguna parte, empezamos a toparnos frecuentemente con cadáveres de cuyas entrañas surgen crisantemos mutados...perdón, creo que esta novela me ha afectado en demasía. El caso es que El hombre que esperaba a las flores nos transporta a ese peculiar estado de consciencia en el que la realidad se tambalea, llevando a su protagonista, que tiene el mismo apellido que el autor, que a su vez apenas es una sombra imposible de rastrear, a una negación de su vida que al mismo tiempo es la aceptación de su verdadero yo. ¿Me explico?

Algo me llamó poderosamente la atención cuando la editorial Dilatando Mentes anunció la publicación de esta novela. Sin saber nada de ella decidí comprarla, sabiendo que el persistente aviso de los editores sobre su extrema rareza anunciaba algo especial. Y, sin duda, la lectura de «El hombre que esperaba a las flores» resulta una experiencia poco común. El prólogo, firmado por Jorge P. López, ya nos sumerge en la idiosincrasia de un autor maldito y totalmente desconocido, contándonos la peculiar relación de Jorge con Jyrki Svenson desde la infancia, y que le llevó a traducir (y probablemente algo más) esta obra para el mercado español.
Sería poco útil redactar un resumen de la trama de esta novela dado su carácter casi experimental. Baste decir que el señor Svenson, nuestro protagonista, decide un día dejarlo todo y trasladarse al pueblo de su infancia para abrir una floristería. Allí, poco a poco, su realidad comenzará a transitar por caminos sinuosos e imposibles en los que una extraña especie de flor tendrá un macabro papel.

El libro transita en su primera parte por terrenos conocidos, dentro de unos cánones normales que sirven para que la lectura crezca en interés gradualmente. Es a partir de la mitad (quizá un poco antes) cuando el autor empieza a regar su obra con situaciones y diálogos extraños. Llegados a un punto, el texto adquiere una cualidad onírica, surrealista y bizarra. Sin embargo, tras las capas de confusión late una historia con cierta coherencia, aunque de esos latidos no brote sangre sino una especie de clorofila surgida de una rara especie de crisantemos. Al final, lo que el autor nos ofrece no es otra cosa que una historia de tintes apocalípticos con un marcadísimo componente weird impregnando cada pasaje. De algún modo, lo estrambótico de muchos fragmentos me recuerda a Fantasma de Laura Lee Bahr, pero también me trae a la memoria a Los cantos de Maldoror de Isidore Ducasse o al Kafka de El Proceso o El Castillo en cuanto a algunos diálogos. Vamos, que podemos enmarcar «El hombre que esperaba a las flores» como un nuevo estandarte del actual renacimiento que vive el género bizarro.

En ello adquiere un papel importante la, una vez más, preciosa edición de Dilatando Mentes, que engalana el texto con multitud de detalles relacionados con el mundo vegetal. Hasta el marcapáginas que regalan está cuidado, conteniendo una flor disecada en su interior. Eso sí, sabiendo lo arriesgado de la propuesta, la tirada ha sido limitada a 100 ejemplares, por lo que recomiendo no demorarse demasiado a todo el que esté interesado en la obra.

Pese a que algunos tramos parecen irse por las ramas (perdonen la metáfora rancia), encuentro la obra sumamente estimulante, y creo que el autor posee una prosa recargada pero que aporta una visión realmente original a una temática trillada, cosa que convertiría en obligación seguir la pista de sus siguientes textos si no estuviera muerto. ¿Lo está realmente? En la novela, la identidad de Svenson, el personaje, se va diluyendo en un apocalipsis personal que termina reflejándose en el florecimiento del fin del mundo. De la misma manera, la identidad de Svenson, el escritor, también se pierde en las páginas de su obra, en una suerte de juego metaliterario que apuesta en contra del lector en una partida perfectamente lícita cuyo desarrollo es fascinante. Queréis jugar, ¿verdad? Eso espero.


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